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Poema del segundo – Grupo Milenio


Sole Navarro, una chica universitaria gustosa y con la virginidad literaria a flor de piel, pasó frente al poeta. Éste reaccionó de manera inmediata. Acomodó sus gafas al momento. El vaso le fue llenado con escocés de nueva cuenta por otro estudiante. La estudiante sonrió al ver al tutor en ese estado de “exclusión”, según le dijo. Sintió lástima por él. Manrique respondió al saludo elevando su copa. Brindó por… “por algo que lleva las justas palabras de un poema”, a voz en cuello.

Sole desapareció en la penumbra. El profesor no bajó la vista y suspiró. Otro estudiante se acercó a él y le dijo algo al oído con sarcasmo. El profesor soltó una grandilocuente carcajada. El estado de exclusión se disipaba, poco a poco, de su persona. La universitaria reapareció con una copa en la mano derecha. Se acercó a él y brindó:

—¡Por quien sabe descifrar letra por letra los versos del poema! Los dos sonrieron y bebieron. La fiesta comenzaba a marginar — por las discusiones del “diversionismo ideológico”— a algunos de los asistentes. Sobre todo, a los adultos mayores que polemizaban unos con otros con respecto a la formación del grupo que apoyaba al peligro para Méjico y al señor de las manos limpias.

—“No podemos caer en un reality show”—, decían los teóricos.

—“Pero ustedes son los que están haciendo el striptease…”—replicaban los otros.

Manrique se abstuvo de la discusión y se fue marginando cada vez más en la barra. Sole se mantuvo con él exponiendo argumentos simples de por qué no le interesaban esas “crisis” de identidad. El tutor sólo atinó a celebrar el desparpajo de la chica y los dos volvieron a decir ¡salud!

Sole pidió que le recitara alguno de sus poemas. El vate emocionado accedió a la petición de la estudiante. De su mente salieron las primeras notas de versos musicales y de su corazón, ya bien entonado, el célebre Poema del segundo. Uno de largo aliento que la estudiante de psicología, sin dejar de beber, disfrutó.

Triunfo Manrique entonces recordó para sus adentros las polémicas por este poema y por su incursión a la narrativa a través de la noveleta ¿Quién puede responder esa pregunta? (Constancio librero, Ulises editor, 1987)que de hecho le valió un generoso aplauso de su parigual Herminio Martínez y una cierta consideración de Bienvenido Armenta, ambos comentarios aparecidos en las páginas del suplemento Paréntesis literario. Pero dicho trabajo no tuvo mayor repercusión.

En voz del editor Ulises “no tiene pinta de best-seller por eso no vendió”.

Sole Navarro se acercó al profesor y le susurró unas palabras al oído izquierdo mostrando su cuello largo y pechos firmes. “Compañeros de viaje”, fue la respuesta del escritor y dejó el vaso en la barra con hielos fenecidos. 

Juan Carlos Porras





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