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La bisabuela del príncipe Alberto de Mónaco era mexicana


Susana de la Torre y Mier, nacida en la Ciudad de México, pertenecía a una de las familias más acaudaladas del país y su matrimonio en 1881 con el conde Maxence de Polignac le dio el pase para ingresar ‒primero‒ a la aristocracia y después a la realeza europea.

Por Erika Roa Torres
Fotos Getty Images

Por las venas del príncipe Alberto de Mónaco corre sangre mexicana.

“Por mis venas corre tequila”, decía divertido y orgulloso el príncipe Rainiero III de Mónaco, cuando contaba la historia sobre su origen mexicano. La madre de su padre, el príncipe Pierre de Polignac, Susana de la Torre y Mier, nació en la Ciudad de México. Aunque Rainiero no conoció a su abuela fue gracias a los relatos de Pierre, que pudo saber su historia y quedó fascinado con México y todas sus tradiciones.

Pierre de Polignac, hijo de la mexicana Susana de la Torre y Mier y el conde Maxence de Polignac.
Pierre de Polignac, hijo de la mexicana Susana de la Torre y Mier y el conde Maxence
de Polignac.

REALEZA MEXICANA

La boda de María Luisa de Mier e Isidoro de la Torre, el 11 de diciembre de 1857, en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México fue considerado el casamiento del año y del que se habló durante mucho tiempo.

No era para menos, con este enlace se unían dos de las familias más poderosas de nuestro país. Una poseía los ingenios azucareros más grandes de toda Latinoamérica, y los Mier eran considerados uno de los clanes más ricos de la nación y dueños de históricas propiedades.

El joven matrimonio tuvo siete hijos, Susana, Isidoro, Tomás, Ignacio, María de la Concepción, María Guadalupe y María de la Esperanza. La mayor de todos, Susana María Estefanía Francisca de Paula del Corazón de Jesús de la Torre y Mier nació el 2 de septiembre de 1858 y fue educada junto a sus tres hermanas en los mejores colegios de México, Estados Unidos y Europa.

María Luisa de Mier se encargó de formar a sus hijas en las buenas costumbres y modales, así como en la fe católica. Susana y sus hermanas viajaban frecuentemente a Europa, eran clientas asiduas de las exclusivas boutiques parisinas.

Más que bonitas, las hermanas De la Torre y Mier sabían sacarse partido, resaltando su blanca piel y ojos claros; elegían sofisticados vestidos y peinados que las hacían lucir como verdaderas princesas.

Además, en Europa se codeaban con la crema y nata de la aristocracia del Viejo Continente. Susana hablaba cinco idiomas, inglés, alemán, italiano, francés y su lengua materna, el español.

En la foto, la princesa Carlota junto a su padre Luis II, la princesa Antonieta, Robert Baden-Powell, Pierre de Polignac y el príncipe Rainiero en 1930.
En la foto, la princesa Carlota junto a su padre Luis II, la princesa
Antonieta, Robert Baden-Powell, Pierre de Polignac y el príncipe
Rainiero en 1930.

 

En 1881, durante una de sus escapadas a Europa, conoció al conde Maxence de Polignac, quien quedó flechado por la mexicana a la que cortejó hasta pedir su mano. Susana, de 23 años, y Maxence, 24 años, se casaron el 10 de octubre de 1881 en París, Francia.

El matrimonio entre Carlota y Pierre fue arreglado y nunca se entendieron como esposos (foto tomada en Mónaco en 1931)
El matrimonio entre Carlota y Pierre fue arreglado y nunca se entendieron como esposos (foto tomada en Mónaco en 1931)

 

La pareja tuvo ocho hijos, Josefina, María Luisa, Raimunda, Javier, Ana, Maxence, Beltrán y Pierre de Polignac. Susana fue una madre muy presente en la educación de sus hijos.

Por ejemplo, cuentan que por las noches solía leerles poesías del libro Dichas y penas de Isabel Pesado, Duquesa de Mier donde la poeta escribió relatos del Bosque de Chapultepec y otros tantos dedicados a la Virgen de Guadalupe.

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Todos sus niños, incluido uno de los más pequeños, Pierre de Polignac, crecieron oyendo hablar de la tierra en la que había nacido su mamá, de sus tradiciones, sabores y los hermosos lugares que tiene México en su vasto territorio.

Por desgracia, Susana falleció el 15 de agosto de 1913 a la edad de 54 años cuando Pierre tenía solo 18 años de edad. Murió sin ver a su hijo convertirse en príncipe consorte de Mónaco.

Rainiero bautizó a su hija menor con el nombre de Estefanía, uno de los nombres de su abuela mexicana.
Rainiero bautizó a su hija menor con el nombre de Estefanía, uno de los nombres de su abuela mexicana.

PRINCESA MONEGASCA BUSCA MARIDO

Luis II de Mónaco al verse soltero y ante la presión de tener un heredero, no le quedó otra que reconocer a su hija ilegítima, Carlota, fruto de su relación con la actriz Marie Juliette Louvet.

Entonces Carlota pasó a ser princesa heredera de Mónaco aunque en realidad no tenía ningún interés por serlo. Incluso no le gustaba estar en Mónaco y cada que podía, literalmente, huía a Francia.

Luis II sabía que tenía que casar bien a Carlota para que ella a su vez diera otro heredero al principado y así asegurar la dinastía Grimaldi. Buscó entre las casas ducales más importantes de Francia a un esposo para su hija y el que más le convenció fue Pierre de Polignac, hijo de la mexicana Susana de la Torre y Mier.

El enlace entre Carlota y Pierre se celebró de acuerdo con la tradición monegasca, primero la boda civil el 19 de marzo de 1920 y la religiosa un día después. Hay que decirlo, fue un matrimonio arreglado y sin amor, pues Carlota nunca estuvo ilusionada de Pierre.

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Los primeros años de casados fueron verdaderamente tormentosos, y aunque se separaron muy poco después de la boda, el divorcio llegó de manera oficial hasta 1933. En el vox populi de aquellos años se decía que Pierre era homosexual, su amistad tan cercana con el escritor inglés James Lees-Milne era muy sospechosa e incómoda para los Grimaldi.

Aquí, Pierre con Rainiero y su familia. Padre e hijo fueron muy unidos. Y aunque se ha dicho que Pierre abandonó el principado, jamás lo dejó y estuvo siempre al pendiente de sus dos pequeños.
Aquí, Pierre con Rainiero y su familia. Padre e hijo fueron muy unidos. Y aunque se ha dicho que Pierre abandonó el principado, jamás lo dejó. y estuvo siempre al pendiente de sus dos pequeños.

 

Aún así, Carlota y Pierre tuvieron dos hijos, Antonieta (1920) y Rainiero (1923). Ya con un heredero, el príncipe Luis II respiró tranquilo y aceptó que su hija abandonara Mónaco para retirarse a Francia, donde se dedicó a hacer múltiples obras benéficas mientras que Pierre permanecía en Mónaco para hacerse cargo de sus hijos.

A diferencia de Carlota, Pierre fue un padre presente, replicó de cierta manera la educación que él mismo recibió de su madre, Susana, con los pequeños Rainiero y Antonieta. Muchos de los valores que le inculcó la mexicana, Pierre los transmitió a sus hijos con mucho cariño.

Quizá con Rainiero era más cercano. Cuando el 12 de abril de 1950 se llevó a cabo la coronación de Rainiero, Pierre no cabía de orgullo. Era tal el cariño de Rainiero por su padre que cuando sucedió a su abuelo Luis II, le dio a Pierre un lugar muy especial en el principado.

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El príncipe de Mónaco solía acompañar a Pierre en los actos más importantes del principado. Asimismo, Pierre mantuvo siempre una increíble relación con la esposa de su hijo, Grace Kelly. Suegro y nuera mantenían una excelente comunicación, cosa que no pasaba con Carlota que no podía ver a Grace.

Las dos mujeres más importantes en la vida de Rainiero simplemente se odiaban. A lo largo de su vida, Pierre viajó un par de veces a México para visitar a la familia de su madre y descubrir el país del que tanto le hablaba Susana.

El 10 de noviembre de 1964 el príncipe Pierre de Mónaco moría a causa de cáncer en el hospital Americano de París, Francia. Una pérdida irreparable para Rainiero que acrecentó su curiosidad por descubrir más sobre la historia de nuestro país.

Siempre expresó su cariño por México y su deseo por conocer más a fondo a sus antepasados lo llevaron a visitarlo en 1968. Además de asistir a la inauguración de los Juegos Olímpicos, aprovechó para ir a otras ciudades como Mérida y Cuernavaca. Incluso se llegó a hospedar en casa de uno de sus primos hermanos.

En todo momento se pudo ver a Grace Kelly con su cámara de cine, quizá lo que más llamó la atención de la estadounidense fueron las ruinas arqueológicas. En honor a su abuela, Susana María Estefanía Francisca de Paula del Corazón de Jesús de la Torre y Mier, Rainiero nombró a su hija con el nombre de Estefanía.

Un guiño a su abuela mexicana. Además Rainiero quiso que sus hijos Carolina y Alberto hablaran perfectamente el español. El hoy príncipe regente de Mónaco, Alberto, lo habla y muy bien.

Descubre el artículo del príncipe Alberto de Mónaco en la edición impresa CARAS MAYO

 



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