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La apuesta de cada corcholata


Traición es la palabra favorita esta semana. Si no estás con él, eres traidor. Si no piensas como él, eres traidor. Si no apoyas sus proyectos, eres traidor. Si no le preguntas sobre el tema que él quiere hablar, eres traidor. Esto tiene sin cuidado a sus adversarios, porque conocen el pensamiento presidencial binario, por llamarlo de alguna forma, en blanco y negro. Pero sí representa un problema mayor para sus corcholatas, como coloquialmente denominó a Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal.

Los tres aspirantes a la candidatura presidencial están en un momento de elección. Personal. No electoral. La más aventajada ya tomó su decisión. Placeada como la favorita por el mandatario, la jefa de Gobierno ha basado su estrategia en replicar cada palabra y cada ataque, en respaldar toda ocurrencia y cada despropósito, a grados tales que esta semana adjudicó una “sabia decisión” a su mentor, consistente en trasladar los restos de Sor Juana a la Rotonda de las Personas Ilustres, cuando solo se trataba de develar un cenotafio en memoria de la monja jerónima.

Desafiando la ley, sabiéndose impune, se subió a la campaña para promover la revocación de mandato, aflojó la estrategia contra el covid para ahorrarse críticas con su acto de acarreo, en el que tundió al INE, y repartió tuits a placer difundiendo lo que le estaba prohibido, por lo que ayer el Tribunal Electoral la halló responsable de “vulnerar los límites constitucionales e inobservar prudencia discursiva”, y se dio vista al Congreso capitalino. No pasará nada.

Ebrard ha preferido tomar distancia. Cuando hay que apoyar, no lo duda y hasta echa mano de sus redes sociales para que todo mundo se entere. Pero cuando cunden oprobios, desatinos y contradicciones, se escabulle aun a preguntas relativas a su giro, las relaciones internacionales, para no tener que improvisar y recaer en las maromas de los corifeos del Presidente. A diferencia de las primeras dos corcholatas, el senador Monreal ha optado por expresarse a diario sobre todo discurso presidencial, sea para respaldar, sea para disentir, marcando una distancia que puede ser bien valorada afuera, pero poco servirá a sus aspiraciones sucesorias, sin olvidar que ya muchos en Morena lo tienen como traidor. 

Alfredo Campos Villeda

@acvilleda





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