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Corazón, corazón – Grupo Milenio


Cuando la flecha del amor lo ha herido, el poeta lo único que desea es no sentir. Especial 

Mi padre comenzó a enamorar a mi madre con “Pobre corazón”, canción de Chucho Monge que canta un monólogo en el que el sujeto lírico le habla a su propio corazón. Paloma y José Alfredo acostumbraban tomar nieve, limonadas o café en el Kikos de la alameda de Santa María La Ribera. Corazón, tú dirás lo que hacemos, lo que resolvemos, nomás quiero que marques el paso, que no le hagas caso si la ves llorar… Ese sitio tenía para su buen prestigio una rocola en donde la gente seleccionaba la música que deseaba escuchar. Era el mueble más solicitado del establecimiento, ya que la mayoría de los asistentes querían poner sus canciones favoritas. Gramolas o sinfonolas eran los nombres alternativos de la época para aquellas máquinas que lucían en los restaurantes y fuentes de soda de esos años. La mayoría de los clientes, se tomaban algunos minutos para elegir los temas de moda o las canciones que deseaban dedicarles a sus novias. Las rocolas funcionaban a base de monedas.

Mi padre se apresuraba a buscar la canción que le gustaba a su amiga y ponía tres veintes o tostones para apartar su elección. Era mi madre quien a veces invitaba el helado o el café porque mi papá con frecuencia no traía dinero. Sus sueldos en los oficios que desempeñaba eran muy bajos. Jugaba en un equipo de futbol en el que le pagaban 200 pesos al mes; llevando mañanitas y serenatas con el trío Los rebeldes lograban ganar un poco más, pero era un trabajo esporádico y básicamente de fin de semana; por último, en el restaurante La Sirena, tenía un sueldo fijo y la gratificación de las propinas. A pesar de aquellas tres actividades que alternaba, apenas conseguía lo justo para pagar la renta y darle a la tía Cuca el gasto y la ayuda para el mantenimiento de todos los animales que había ido adquiriendo: Lencho, el perico, exigía su plátano macho machacado después de imitar a mi papá haciendo gárgaras al mismo tiempo que él, así con la garganta limpia le gritaba Fello, Fellito, Fello; el cuarto estaba lleno de jaulas y pajareras que Cuquita cuidaba con esmero y el gato blanco y negro, cada día más gordo, ronroneaba en el pequeño perímetro o se echaba a dormir.

A Paloma no le importaba invitar las bebidas o la nieve en el Kikos, aquel sitio se volvió un lugar emblemático para ellos, pues fue ahí en donde se hicieron novios, el día que José Alfredo le cantó a capela “Cuatro caminos”.

…hay en mi vida, cuál de los cuatro será el mejor, tú que me viste llorar de angustia, dime, Paloma, por cuál me voy.

Sin embargo, nunca perdieron la costumbre de escuchar aquella canción de Chucho Monge en la que el personaje le hablaba directamente a su corazón. Quizás, desde entonces, se sembraron en mi padre algunas inquietudes que, con el tiempo, florecieron en versos que él mismo dedicó a su corazón. ¿Será posible hacer reflexionar al órgano que mueve nuestras emociones y sentimientos? ¿Será que el corazón tiene esa capacidad o es un simple ejercicio poético? En Oriente mente y corazón están alineados, trabajan para el cuerpo como un binomio en el camino hacia el entendimiento y la reflexión. Se cree que cuando ambas funciones están unidas, nuestro actuar tiende a ser amoroso, compasivo, altruista y generoso.

Corazón, corazón, yo te quiero gritar que la dejes y empieces tu vida con otro cariño. Corazón, Corazón yo te quiero gritar sin reproches que todas las noches se encuentra con alguien, y tú, en el olvido…

Pues cuando el corazón duele porque la flecha del amor lo ha herido, el poeta lo único que desea es no sentir, de ahí que no es inútil entablar un diálogo con el órgano que palpita al contacto con el amor, Sandro canta:

Al final, amigo corazón, ya no la lloro, si también mi lágrima final se la llevó…

José Alfredo en su soliloquio le aclara: Yo te quiero explicar que el amor tiene cosas de veras muy crueles; te tendrás que llenar de valor y si no, pues conmigo te mueres.

El corazón es el centro, el cor. El amor cortés y el cortejo surgen en el siglo XII en la Europa medieval, pero de ahí se derivan un sinfín de palabras que quedan enlazadas a ese centro: concordia, cordial, recordar, son vocablos que de distintas maneras nos llevan a vincular la

mente con el corazón; es decir, a pensar con el corazón.

Paloma Jiménez Gálvez*

*Doctora en Letras Hispánicas





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